Ou, como formula Rosemary Arrojo, (Pierre Menard é)
"um dos comentários mais brilhantes e mais completos que já se escreveu sobre os mecanismos da linguagem e suas implicações para uma teoria da tradução e para uma teoria da literatura"[3].
É bastante relevante a observação de Steiner de que os estudos de tradução usuais não passam de "comentários de comentários". Em sua maioria, os comentários de tradução investem sobre a tradução "de fora", discutindo questões de língua, que passaram totalmente ao largo de "Pierre Menard", de técnica ou de método, que são contingentes, enquanto Borges foi direto à questão de fundo: as relações entre autor e tradutor, entre o texto e sua leitura. Para ele, "o livro não é um ente incomunicado: é uma relação, é um eixo de inumeráveis relações."[4]
Harold Alvarado Tenorio por Darío Henao Restrepo
Harold Alvarado Tenorio (Buga, 1945) es una de las voces más singulares y refinadas de la poesía contemporánea colombiana. Sus viajes imaginarios y reales por el mundo le han brindado una vasta experiencia, materia de una obra poética que él ha sabido decantar con la paciencia de un monje chino.
De su primer libro, Pensamientos de un hombre llegado el invierno (1972), pasando por En el valle del mundo (1976), Recuerda cuerpo (1983), Libro del extrañado (1986), El Ultraje de los años (1986) hasta Espejo de máscaras (1987) asistimos a la acumulación de un poco más que 90 poemas en los que mantiene una alta factura y una rara ternura que nace de la perplejidad y de un asombro renovado en cada poema.
Igual que a su maestro Borges, como advierte James J. Alstrum, a Alvarado le acongoja el paso inexorable del tiempo y se preocupa por el gozo del momento efímero y la perdurabilidad del recuerdo mediante la palabra. El cuerpo como espacio placentero y frustrante al mismo tiempo, lección aprendida del griego Constantino Kavafis a quien tradujo con mucho acierto, es un tema medular en su obra. La mágica y sobria síntesis de reflexión, cuerpos amados y olvidados, indistinción de voces masculinas y femeninas, melancolía, ciudades y amores extraviados, nostalgias, desencanto, rabia, dolor y asco de las miserias del mundo, configuran una lúcida conciencia, una recia y exuberante personalidad poética. La fuerza sostenida de sus poemas expresa a un hombre vital que es capaz de adentrarse en todas las formas de la experiencia humana y no tiene reato para increpar su propia vida. Sin afeites, subterfugios o recatos, en contravía de la tradición pacata de la poesía colombiana, Alvarado corre velos e instala su mirada descarnada e irónica.